Los Frutos Espirituales

Buenos frutosPor los frutos espirituales podemos reconocer a un verdadero hijo de Dios; por la ausencia de frutos espirituales podemos identificar a quien no es un verdadero creyente; por los malos frutos incluso se puede poner en evidencia a los falsos maestros y profetas. Esto parece ser muy importante, por lo tanto, nos surge una gran pregunta: ¿Qué entendemos por frutos? ¿Es acaso fruto espiritual cuando vemos a alguien con capacidad de persuasión para predicar la Palabra, para motivar a la gente, para liderar y manejar a grupos pequeños o incluso iglesias enteras? ¿Es fruto espiritual tener fervientes demostraciones de religiosidad, autoridad o conocimiento? ¿Es acaso ser responsable, diligente, esforzado o tener carisma?  ¿Y qué diríamos acerca de leer la biblia, asistir a la iglesia, alabar, ofrendar o ayunar?

Muchos de ustedes se darán cuenta que todas estas cosas no necesariamente son frutos espirituales pues son características que encontramos también en impíos, en quienes no han nacido de nuevo; por esta razón debemos advertir que los frutos espirituales suelen ser confundidos o malentendidos y es necesario una comprensión bíblica de ellos.

En primer lugar, el fruto espiritual es el resultado de la obra de salvación en el pecador.

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Romanos 6:22

La santificación es una evidencia de salvación, pues sólo quienes tienen el Espíritu de Dios pueden apartarse del pecado y crecer en obediencia conforme lo enseña la Palabra. Para que esto sea posible el Espíritu produce su fruto en los creyentes:

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza… Gálatas 5:22-23

Nótese que en ese texto se expresa “fruto” en singular pero luego se da una lista, como si fueran varios. No son muchos frutos del Espíritu, es uno sólo que tiene distintos aspectos o caras que lo hacen resaltar de algún modo especial. Éste es el fruto que el Espíritu Santo produce en los hijos de Dios poniendo en evidencia esa realidad: son hijos de Dios. En contraste con este fruto encontramos en la Biblia la lista de obras de la carne (Gálatas 5:19-20), las que el ser humano en su estado natural practica. Quien ha sido salvo verdaderamente, dejará de realizar las obras de la carne porque empezará a producir fruto del Espíritu. Este fruto del Espíritu puede ser imitado; se puede fingir el amor, el gozo, la paz, … y así cada uno de ellos. Siempre existe la posibilidad de que alguien simule ser un creyente, y muchos de ellos continúan a la apostasía.

Por otro lado, solemos hablar de frutos al referirnos a los resultados de ciertas labores. Por ejemplo. Un predicador tiene fruto cuando hay muchas personas que reciben su mensaje con entusiasmo. Sin embargo, un falso maestro puede enseñar sus herejías a multitudes que creen estar “siendo edificadas” y manifiestan admiración por tal hombre. Tanto en un ejemplo como en el otro hay “fruto”, sólo que el primero es fruto bueno y el segundo fruto malo.

EspinosPor sus frutos los conoceréis… (Mateo 7:20) ¿Cuáles son esos frutos a los cuáles el Señor se refería? En el contexto habla de los falsos profetas (Guardaos de los falsos profetas… v.15) por lo tanto, los malos frutos son las malas obras u obras de la carne que son evidentes en ellos.

Considere el comentario de Clarck sobre esto:

Frutos, en la Escritura y en la fraseología judaica hacen referencia a “obras” de cualquier tipo. Los trabajos de un hombre, son la lengua de su corazón y hablan honestamente si es interiormente corrupto o puro.  Por medio de estas obras alguien puede distinguir a los lobos rapaces de los verdaderos pastores.

Otro ejemplo: Alguien puede ir a evangelizar y decir: “Hoy hubo fruto de la tarea evangelística… tantas personas se salvaron”. Eso definitivamente sería fruto espiritual si en verdad dichas personas se convirtieron (y no fueron manipuladas a falsas profesiones de fe) y si lo que se predicó fue el evangelio verdadero. Muchos hoy creen tener fruto espiritual pero predican un mensaje distorsionado que es mas parecido al de promotores comerciales que al evangelio que predicaron los apóstoles y el mismo Señor Jesucristo, por lo tanto, acarrean maldición sobre si mismos: Gálatas 1:8.

Se puede ejercer un liderazgo con grandes capacidades y resultados estadísticos que no es fruto espiritual sino fruto de la carne, el orgullo, la manipulación, el engaño y la jactancia personal.  Esto puede ser sutil o disimulado pero quien sigue la Escritura sabrá identificarlo y huir de ese entorno.

Vea lo que dice Santiago 3:17-18:

Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. 

Asimismo puede haber un obrero que no tenga tan buenos resultados en su pequeña iglesia (cantidad de miembros, bautismos, conversiones en sus mensajes) pero si el está siendo fiel a la Palabra está manifestando el fruto de permanecer en la verdad, y perseverar fiel en su labor agradando al Señor con paciencia.

En lo que refiere a los ambientes religiosos, los frutos malos o los falsos buenos frutos siempre van a estar ligados a la Hipocresía. Se simula un fruto bueno que no hay. ¡Frutas de plástico! Algunas veces las he visto en alguna mesa y hasta me dio ganas de comerlas. Esto fue frecuente en los tiempo de Jesús como lo es hoy. De ahí que el Señor criticó las “largas oraciones de los fariseos”; no porque orar un largo tiempo sea malo, sino porque ellos lo hacían para “ser vistos”. Lo mismo puede suceder con la alabanza, el ayuno, la devoción y el servicio en la iglesia.

Alguien puede tener un abultado conocimiento teológico, pero si se enreda en discusiones que no manifiestan la mansedumbre y la templanza ¿Qué fruto está produciendo? ¿Del Espíritu o de la carne? De hecho, algunos pasan la linea del debate respetuoso y calmado y llegan a desprecios, insultos y agravios. Eso los pone en evidencia.

Otra persona tendrá características sobresalientes en su disciplina personal o caracter, cosas que son deseables en cada hijo de Dios, sin embargo, aún en el mundo encontramos gente puntual, diligente, respetuosa y amable. Todas estas cosas pueden bien ser el resultado de la obra de gracia de Dios (fruto espiritual) o de esfuerzos humanos (estado carnal). ¿cómo podemos entonces diferenciar uno de otro?

El verdadero fruto espiritual no es aquel que trae gloria propia, sino que la da a Dios:

… llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. Filipenses 1:11

El verdadero fruto espiritual no es resultado de una mentira o engaño sino que está asociado a la verdad:

… porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad. Efesios 5:9

El verdadero fruto espiritual refleja un andar digno del Señor:

… para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios. Colosenses 1:10

Concluimos entonces considerando lo siguiente: Cuando hablamos de frutos nos referimos a las obras de una persona y sus resultados. En un sentido general el fruto espiritual es la santificación; en sentido detallado el fruto es el conjunto de virtudes (de Dios) que se manifiestan en nuestra vida y hacen posible la obediencia a la Palabra de Dios y la abstención o mortificación de las obras de la carne. Quien no ha sido salvo no puede producir fruto espiritual pues es esclavo del pecado, pero puede simularlo con hipocresía, esto en sí mismo es un mal fruto. Tanto la ausencia como la imitación de los buenos frutos son claros indicios de un falso creyente e incluso un falso maestro. Los verdaderos creyentes siempre tendrán fruto espiritual. ¿Lo tienes? ¿Lo evidencias en tu vida?

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Juan 15:16

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Juan 15:5

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© Por Adrián Passarelli. Verdadenamor  Este material es de libre reproducción y distribución, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia. Suscríbete para recibir actualizaciones de entradas como esta aquí.

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2 comentarios

Archivado bajo Espiritualidad, Salvación, Vida Cristiana

2 Respuestas a “Los Frutos Espirituales

  1. Alberto

    Los frutos falsos son frecuentes en nosotros cuando aun conservamos un corazón arrogante y altivo, me llama la atención que
    hasta tratamos de imitar esos buenos frutos con nuestras obras pero la verdad de Dios nos dice que es imposible agradarle sin santidad y esa santidad verdadera no está a nuestro alcance es Dios quien se digna en dárnosla,
    Nuestra tarea es disponernos humildemente a Dios para que el ponga cada uno se sus frutos en nosotros y los diferenciamos de los
    falsos frutos en que no tienen deseo de ser exaltados ni afán por ser reconocidos sino mas bien nos producen rendirle los créditos al Señor.

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