Hacer a Cristo Señor de mi vida y otras confusiones

sen%cc%83orio-de-cristoRecuerdo en mi época de joven consejero en campamentos juveniles cristianos que procuraba con mucho entusiasmo que otros jóvenes conocieran el evangelio y posteriormente consagraran su vida a Dios. Estas eran las dos metas más importante para los consejeros y nuestra alegría era saber cuántos de esos jóvenes a nuestro cuidado creían en Dios y cuántos de ellos se consagraban a él.  Cuando predicábamos el evangelio, teníamos en mente que ellos debían conocer a Cristo como salvador y cuando pensábamos en consagración que debían reconocerlo como Señor.  Esto era lo que hacíamos conforme a la luz que hasta ese momento teníamos de la Palabra de Dios. En algunos casos la motivación era buena pero la teología era equivocada.

El tema del señorío de Cristo ha generado muchas confusiones y controversias.  Es cierto que hay posiciones teológicas que ven de forma distinta esta doctrina pero también hay mucha confusión semántica.  Considero oportuno meditar en estos asuntos para llegar a una convicción bíblica evitando tanto las interpretaciones como las expresiones equivocadas.

¿Que quieren decir algunos con la frase “tienes que hacer a Cristo señor de tu vida” o “tienes que aceptar a Cristo como Señor”?

  • Aluden a que una persona luego de ser salvo debe tomar una decisión voluntaria, con un entendimiento correcto, para colocar o hacer a Jesús el Señor de su vida; en otras palabras, darle a él, el control.   De acuerdo a este entendimiento, una persona aunque haya sido salvada por Jesús, si no permite que Jesús lo gobierne, será salvo pero no tendrá a Jesús como Señor en su vida, por lo tanto, vivirá según sus propios deseos y en frecuente rebeldía.

Varios problemas con esta interpretación del señorío de Cristo:

Cristo es Señor, una realidad que no tiene condicionantes:  La Palabra más común del griego traducida como Señor es /kúrios/  que significa: “propietario”, “dueño”, “amo”.   Según un léxico del griego se refiere a una persona que posee los derechos absolutos de propiedad sobre una persona o cosa.  No era una palabra exclusiva de Cristo, sino que también se usaba para amos terrenales, pero cuando hace referencia a Jesús su significado se amplia con el concepto de deidad, es decir, Dios posee los derechos universales de propiedad sobre toda cosa y persona.

Cristo es Señor, independientemente de mi comportamiento: Cristo es Señor de mi vida, independientemente si si soy o no salvo. Cristo es Señor de mi vida, aunque viva en desobediencia.  El señorío de Cristo no está condicionado, ni por mi fe, ni mi aceptación, ni mi voluntad. No puedo negar la realidad de que él es Señor y esto, en forma absoluta, no depende de mi. El señorío de Cristo no sólo tiene que ver con su deidad, sino también con su dominio. Aunque en este mundo no todas las criaturas rinden obediencia a lo que él manda en su Palabra, eso no cambia la realidad de quién es él y de que él ejerce ese dominio. Al fin y al cabo, reconocer el señorío de Cristo es sólo cuestión de tiempo:

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.  Filipenses 2:9-11

No puedo hacer a Cristo Señor de mi vida:    Este concepto muy humanista va de la mano de que una persona puede manipular a Dios y hacer de Dios lo que él quiere. Viéndolo así, si alguien quiere hacerle Salvador, Dios se transforma en su salvador; si la persona le quiere hacer Señor, Dios será su Señor.  En ambos casos es el concepto es equivocado y antibíblico. Jesús señorea sobre todos y salva a los que él quiere. La persona no maneja la voluntad de Dios ni determina las características de Dios. Él es soberano y las criaturas actúan bajo esa soberanía. Podrán rebelarse contra su voluntad o podrán cumplirla sometiéndose a ella (por la gracia divina), pero de ningún modo eso provocará algún cambio en quien Dios es.

No puedo ser salvo, sin vivir en alguna medida en sumisión voluntaria a su señorío:    Todos los creyentes, maduros o inmaduros pecamos diariamente. Todos estamos bajo el señorío de Cristo, como dije antes, aún los impíos están bajo el señorío de Cristo, nada mas que algunos están bajo ese señorío en mayor o menor grado de desobediencia.

Algunos definirán la vida cristiana en dos grupos, los que viven bajo su señorío y los que no. Quienes hacen esto caerán en varios conflictos teológicos.

Primer conflicto:  ¿Si una persona dice ser Creyente y no tiene a Cristo como Señor de su vida, entonces quién es el Señor de ese creyente? De acuerdo a esta postura planteada, la misma persona es su propio señor, pues no quiere someterse a Cristo.  Esto parece reflejar más la descripción de un incrédulo que de un creyente.

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro.   Mateo 6:24 

Si el señorío es una cuestión de gobierno, quien quiere gobernarse y vivir independiente de Dios, puede que no haya experimentado arrepentimiento y fe en el Jesús de la Biblia. No estoy diciendo que todo creyente vivirá en obediencia absoluta, sino que quien vive con una sumisión permanente o gobierno continuo de otro señor (sean las riquezas, ídolos, o el propio yo) no puede encontrar evidencia de su propia salvación.

Segundo conflicto:  ¿Divide la Biblia el cristianismo en dos grupos (Carnales y Espirituales) y es una decisión personal la que permite pasara de un grupo a otro? Según esta postura, en algún momento la persona toma una decisión para colocar a Cristo Señor de su vida y así deja de gobernarse a sí mismo para ser gobernado por Dios. Sabemos que “del dicho al hecho hay mucho trecho”… entonces entendemos que no son las Palabras las que se evaluarían en la práctica sino la forma de vida. Pero como dijimos antes, todos los cristianos pecamos, el pecado remanente no acompañará hasta la tumba… aunque en algunas áreas tenga desarrollo en otras necesitaremos crecer. Creer esta división de la vida cristiana me lleva a un entendimiento incorrecto del proceso santificador. Ni la misma Biblia divide a los creyentes en carnales y espirituales o dicho de otro modo “solo salvos” y “salvos y consagrados”,  todos los creyentes tenemos grados de carnalidad y de espiritualidad. Habrá creyentes maduros y habrá inmaduros pero nada tiene que ver con que Cristo sea Señor de unos y solamente Salvador de los otros.  En cualquier caso, no es una decisión individual lo que me llevará a la madurez, sino el proceso santificador de Dios en mi vida que involucrará sin dudas, numerosas decisiones y acciones consecuentes para mortificar el pecado y someterme a Dios.

Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.  1 Juan 2:12-13

Tercer conflicto:  ¿Qué pecados deben ser superados para determinar que sometí mi vida al señorío de Cristo?  Algunos arguyen que los cristianos carnales están en el trono de su vida y no dejan a Cristo gobernar, por lo tanto pecan de una manera más grave que otros. Pero todos los creyentes pecamos, entonces la duda es… ¿Cuales pecados indican si usted sometió su vida al señorío de Cristo o si no lo ha hecho aún?  La respuesta es siempre equivocada. Ciertos pecados puede revelar mayor o menor grado de madurez, pero todos los pecados son desobediencia a Dios. Alguien puede pensar que tal hermano que lucha con malas palabras es un inmaduro, pero ¿podrá decir que quien lucha con el enojo no lo es?  El pecado de la inmoralidad sexual o el pecado de la soberbia son muestras de rebeldía ante quien es Señor ¿pertenecen estos pecados a distintos rangos de creyentes? Nadie puede decir: “esta persona es cristiana pero tiene el vicio de fumar… es porque aún no ha hecho a Jesús Señor de su vida”.  Ante esa aseveración, la pregunta que haría es:  ¿y aquél que lucha con sus malos pensamiento, o el egoísmo, ese si lo ha hecho? ¿Son los celos un pecado más horrendo que la lujuria?  ¿Hay pecados que Cristo tolera de los que estaban bajo su señorío pero otros que excluyen a las persona de esa posición?  La pregunta es equivocada por no existe tal posición. De acuerdo a su Palabra, él se desagrada de todo pecado, pero la Biblia es clara en cuanto a que aquellos que viven en la práctica continua del pecado, éstos no son verdaderos creyentes. Si la Biblia hace una lista donde dice quienes no heredarán su reino, debemos entender que tales personas no han experimentado la conversión. Y si un creyente intenta tomar ese patrón de conducta, el Señor lo disciplinará, pues la Palabra asegura la disciplina de Dios sobre sus hijos de lo contrario no son hijos sino bastardos (Hebreos 12:8).  Los tales necesitan el evangelio de la gracia para salir de su desesperada condición de esclavos del pecado.

Concluyo con lo siguiente:  Todas las personas estamos bajo el señorío de Cristo.  No podemos hacer a Cristo señor de nuestra vida, ni tampoco evitar que lo sea. Todos desobedecemos en algún grado sus mandamientos y esto es rebeldía a su señorío, pero quien vive en constante desobediencia a sus mandatos, sin ninguna muestra de sumisión,  tal persona manifiesta que nunca se ha arrepentido de su vida pasada ni ha nacido de nuevo.

La división clara que encontramos en la Biblia es entre inconversos y creyentes; posteriormente hablando del grupo de los salvos entendemos que hay distintos grados de madurez y compromiso, distintos grados de victoria y obediencia, pero esto no ubica a los creyentes en dos grupos ni tiene nada que ver con el señorío de Cristo, ni muchos menos con que una decisión personal para hacer a Cristo Señor.  La palabra dice Cristo es el Señor, ni la salvación ni el grado de madurez en ella cambia la realidad.  Si alguien quiere obedecerle no será cuestión de una sola decisión sino de un estilo de vida cotidiano.

Aplicación:

  • No motivemos a la gente a algo no bíblico como “hacer a Jesús Señor de su vida”. Enseñemos el proceso de santificación.
  • No creamos que hay dos grupos de cristianos (espirituales y carnales). Comprendamos la santificación como un proceso contínuo.
  • No consideremos que una decisión puede hacernos pasar de categoría espiritual. Aprendamos a apropiarnos de los medios de gracia para crecer constantemente en santidad.
  • No confundamos a los llamados “cristianos carnales” con pecadores que necesitan el evangelio. Desafiemos a evaluar las evidencias de un hijo de Dios y prediquemos el evangelio de la gracia.

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© Por Adrián Passarelli. Verdadenamor  Este material es de libre reproducción y distribución, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia. Suscríbete para recibir actualizaciones de entradas como esta aquí.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Hacer a Cristo Señor de mi vida y otras confusiones

  1. Alejandro López

    Muy bueno, gracias!

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